Cecil el león y algunas lecciones para la conservación en Bolivia

por Alfredo Romero Muñoz

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Cecil el león en el Parque Hwange, Zimbaue (Crédito: Bluemoonstars, Flickr)

En julio de 2015, un dentista estadounidense mataba ilegalmente a un león, Cecil, justo afuera del Parque Nacional Hwange en Zimbabue, marcando sorpresivamente el mayor momento de interés público global sobre la vida silvestre. Su repercusión continúa, con Cecil nombrado el animal más influyente de 2016  y los conservacionistas intentando convertir el ‘momento Cecil’ al ‘Movimiento Cecil’.

Para David Macdonald, director del WildCRU, una unidad de la Universidad de Oxford, Cecil fue el león más imponente y majestuoso en su proyecto de 17 años sobre conservación de leones. Entre la reacción global mediática, destacó el programa de Jimmy Kimmel en el que emocionalmente pidió a sus millones de televidentes apoyar el trabajo del WildCRU, que llegó a recibir más de un millón de dólares en donaciones.

Además de la rabia e indignación pública y el interés global por la vida silvestre, la muerte de Cecil incentivó cambios en políticas: más de 40 aerolíneas prohibieron el transporte de trofeos de cacería; Francia prohibió su importación; gobiernos africanos prohibieron temporalmente esta cacería; Estados Unidos añadió dos subespecies de leones a su lista de especies en peligro. Además, se ha propuesto que la UNESCO declare ciertas especies como culturalmente fundamentales y reconozca especies de importancia evolutiva.

También han re-surgido discusiones sobre si una cacería controlada beneficia a la conservación al generar incentivos económicos locales, que aumentarían la tolerancia hacia los leones en sitios donde el turismo no llega. Algunos conservacionistas sugieren que debe mejorarse el manejo de esta cacería y otros opinan que es simplemente inmoral. Este debate resalta la urgencia de un mejor entendimiento de los impactos económicos, sociales y ecológicos de la cacería de trofeos.

A continuación, propongo algunas lecciones que el caso de Cecil puede darnos para la conservación en Bolivia, y Sudamérica.

1. Los animales carismáticos sudamericanos pueden conectar a la gente con la naturaleza y concientizarla sobre problemas de conservación

Frecuentemente los bolivianos conocen mejor a los elefantes y tigres que a nuestros tapires y jaguares. Éstas y otras especies de Bolivia y Sudamérica atractivas para el público, pueden usarse activamente para despertar el interés de la gente hacia nuestra naturaleza y sus problemas de conservación. Un ejemplo de conservación enfocada en especies y lugares atractivos es el proyecto Identidad Madidi.

2.  Las personas se relacionan más fácilmente con individuos que con especies o poblaciones

El 70% de los leones estudiados por el WildCRU ha sido cazado, pero sólo Cecil generó atención global. Muchos piensan que se debe a que Cecil tenía un nombre memorable y que el público lo reconocía individualmente.

Lo mismo sucede con nuestra empatía hacia otros humanos. Por ejemplo, la fotografía de Aylan Kurdi, un niño sirio encontrado muerto en una playa de Turquía ha re-abierto el debate sobre el tratamiento a inmigrantes en Europa; muchos otros sufrieron este mismo final pero sus nombres e historias no se contaron.

Debemos usar la conexión de la gente con el bienestar de individuos, que es mayor que con conceptos más abstractos como la conservación de poblaciones. Recientemente, resaltó en los medios el maltrato a un oso andino, llamado Ajayu, en una comunidad boliviana, que podría haberse aprovechado más para ampliar su impacto en conservación. Otro ejemplo es ‘Kayana’, una jaguar del Parque Nacional Kaa-Iya, donde fui afortunado de verla con su cría hace unos años. Como Cecil, Kayana es confiada con los visitantes que viajan cientos de kilómetros para verla, promoviendo el turismo y la educación sobre los jaguares. En Argentina, Aratirí es un imponente jaguar con una historia esperanzadora para su especie y bautizado por niños locales.

La efectividad de nombrar individuos podría explorarse también para incrementar la tolerancia de gente local hacia depredadores de su ganado.

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Kayana, una madre jaguar en el Parque Nacional Kaa-Iya del Gran Chaco. Foto: Steffen Reichle.

3. Contar una historia transmite mensajes efectivamente

Cecil era el imponente rey de su manada, que cuidaba junto con su hermano Jericho, hasta que Walter Palmer lo mató. Palmer fue ilustrado como el villano rico que visitó un país pobre y contrató a sus cómplices, los guías locales. Junto a ellos cazó animales grandes y peligrosos desde una distancia segura para colgar sus cabezas en su casa y así compensar sus inseguridades.

Ésta receta habitual en novelas y thrillers parece atraer la atención efectivamente. El efecto de una buena historia puede incrementarse si personajes famosos la difunden, como Jimmy Kimmel o la modelo Carla Develinge en el caso de Cecil.

Un análisis reciente del WildCRU sugiere que historias que producen enojo, tienden a viralizarse y durar más que las que producen tristeza. Los conservacionistas podemos usar el poder de las historias para nuestras causas, pero responsablemente para evitar exacerbar problemas inadvertidamente, sobre todo al retratar a gente local (ver punto 3 abajo).

Algunos cuidados al usar estos casos en conservación

La exposición mediática de estos casos debe manejarse cuidadosamente para evitar generar reacciones adversas en el público y gente local. Por ejemplo,

1) Evitar interpretaciones negativas del manejo legal y efectivo de algunas especies, como la vicuña.

2) Considerar diferentes grupos con intereses distintos. Por ejemplo, el manejo de perros asilvestrados que causan daños a animales silvestres, podría generar conflictos entre conservacionistas (interesados en conservar poblaciones) y defensores de animales (interesados en el bienestar de animales individuales) y confundiendo finalmente al público.

3) Evitar sobre-simplificar los problemas. Por ejemplo, retratar a una persona local como villana por matar a un puma que depreda a su ganado puede causar malestar en su comunidad, disminuyendo su tolerancia hacia los pumas, reduciendo la oportunidad para conservarlos. Asimismo, los cazadores locales pueden ser sólo la punta de la cadena de tráfico de fauna.

 

Estas lecciones resaltan la importancia de potenciar la comunicación efectiva basada en historias interesantes sobre individuos de especies carismáticas para estimular la conservación de nuestra vida silvestre.

¿Qué otras lecciones podríamos aprender del caso de Cecil para Bolivia y Sudamérica? Por favor comenta abajo.

Agradezco a Mariana Da Silva por ayudarme a mejorar y acortar versiones anteriores de este post y a Steffen Reichle por permitirnos usar su fotografía de Kayana.

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2 comentarios en “Cecil el león y algunas lecciones para la conservación en Bolivia

  1. Pingback: Primo rico, primo pobre: el impacto de las muertes de Cecil y Juma | Conservación Crítica

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