¿Cuál es la mejor resolución ambiental para el 2017?

Por Alfredo Romero Muñoz

Los inicios de año representan oportunidades para analizar cómo mejorar aspectos personales, profesionales y en relación a nuestro entorno. En este nuevo 2017, ¿cuál sería la meta más efectiva para contribuir a la conservación del medio ambiente y de la naturaleza?

Si te consideras un ambientalista, o te interesa apoyar la conservación de bosques y animales silvestres, seguramente tratas de realizar acciones como: evitar botar basura, evitar pedir bolsas plásticas, usar transporte público, usar menos agua, apagar las luces innecesarias, y evitar el tráfico y la cacería de animales.

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La mayoría de la quema y deforestación de bosques en Bolivia y Sudamérica se produce para la producción de carne de vaca. Foto: Greenpeace

 

Todas estas acciones son positivas y si las realizas, te felicitamos y alentamos que lo sigas haciendo. Sin embargo, el mayor factor de impacto que una persona promedio tiene sobre la biodiversidad es poco conversada: el consumo de carne y otros productos animales.

Aunque la concientización pública de este tema está creciendo, con más estudios y noticias sobre el impacto del consumo de carne y documentales como Cowspiracy, aún mucha gente conoce y comprende poco al respecto.

El por qué el consumo de varios productos animales, principalmente carne y leche, es tan nocivo para la naturaleza se debe a características del ganado y de su manejo. Un animal de cría, como una vaca, utiliza grandes cantidades de recursos durante mucho tiempo, desde que nace hasta que alcanza el tamaño en que haya producido suficiente carne. Esto significa que al consumir carne, nuestro impacto ocurre no sólo en el animal individual, sino que también en todos los recursos que ese animal usó – bastante ineficientemente –  para producir esa carne o leche, incluyendo toneladas de materia vegetal, miles de litros de agua, y hábitat natural destruido para generar estos recursos.

Para ilustrar esto, para producir un kilogramo de carne de vaca, se necesitan 25 kg de un grano como soya. Para 1 kg de cerdo o de pollo, se requirieren 9 y 3 kg de grano, respectivamente. Si una persona se alimenta de la soya directamente, en vez de haberla usado para que una vaca la convierta ineficientemente en carne, necesitaría 25 veces menos de área de bosque talado para sembrar la soya; habría permitido a 24 personas más alimentarse nutritiva y saludablemente, y probablemente habría evitado la muerte de decenas de animales silvestres que perderían el hábitat natural convertido para la producción de carne.

El área necesaria para producir carne es todavía mayor cuando la vaca se alimenta de pastos, ya que estos son menos nutritivos que la soya. En Bolivia, la mayoría de las vacas son alimentadas por pastos, principalmente en los llanos de Beni y en extensas áreas que han sido deforestadas para su plantación, como la Chiquitanía, la Amazonía y el Chaco. Esto ha contribuido a que el bosque Chiquitano y el Chaqueño, sean los bosques con la más alta tasa de deforestación del mundo.

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Bosque perdido en Bolivia y la región sólo desde el año 2001, indicada en color rosa. La mayoría ocurrió para plantar pastizales para vacas y para plantar soya, usada principalmente también como alimento de ganado. Fuente: Global Forest Watch

La otra razón para esta masiva deforestación son las plantaciones de soya, usada principalmente para la alimentación de ganado en Europa y Asia, y muy poco para el consumo directo por humanos. En síntesis, la mayor parte de la deforestación en los bosques bolivianos y sudamericanos es causada en gran medida por el alto consumo de carne.

Esto representa la muerte de árboles e innumerables animales que dependen del bosque para resguardo, alimento y reproducción. Algunos de los animales más emblemáticos del país, como los jaguares, pumas, osos andinos y otros carnívoros, son frecuentemente matados por ser percibidos – en ocasiones correctamente – como depredadores de ganado. Los jaguares y osos están desapareciendo incluso en áreas donde aún queda bosque, ya que al salir de éste son matados al encontrarse con ganaderos, sin importar si ese jaguar cazó una vaca o no. De hecho, ésta es, junto con la destrucción de su hábitat, la causa principal de su desaparición de muchas áreas – y ambas originadas principalmente por la producción de carne.

En adición a estos problemas, el ganado, y principalmente las vacas, tienen aún más efectos negativos. Para producir un kilogramo de carne de vaca se necesitan 15 000 litros de agua. El metano que expulsan las vacas representa alrededor del 25% de los gases causantes del cambio climático, esto es más que todos los autos, trenes, barcos y aviones juntos. Además, el consumo de carne roja, especialmente la procesada, aumenta significativamente el riesgo de contraer cáncer, de modo comparable al consumo de cigarros.

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Además del impacto del consumo de carne en bosques y fauna, éste tiene un impacto que va mucho más allá. Fuente: Peta.org

El consumo de carne y leche, especialmente de vaca, es uno de los factores más dañinos para la naturaleza, los animales silvestres, el clima global e incluso la salud humana. Sin embargo, esto también significa que simplemente modificando nuestra dieta podemos contribuir mucho más a la conservación de la naturaleza casi cualquier otra acción, incluso más que una producción agrícola más eficiente con nuevas tecnologías.

Probablemente nos resulte difícil convertirnos en veganos – y ésa no es la única opción. Un objetivo realista, al menos al comienzo es la dieta 90-10, que significa que el 90% de nuestra dieta se base en vegetales y el 10% en animales. Otras opciones son reducir el consumo de carne de vaca a sólo ocasiones especiales y consumir pollo más regularmente, con algunos días completamente sin carne.  Reduciendo tu consumo de carne contribuirías más a la conservación de la biodiversidad que con cualquier otra acción.

Los beneficios para los animales silvestres, bosques, fuentes de agua e incluso tu propia salud serían significativos. Entonces, ¿por qué no trazarnos la resolución para este nuevo año de consumir mucha menos carne y leche? ¿En qué porcentaje estarías dispuesto a reducir tu consumo de estos productos este año?

 

Alfredo Romero-Muñoz es biólogo de la conservación boliviano e investigador doctoral en el Departamento de Geografía, Universidad Humboldt de Berlin.

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