El desafío de la castaña

La deforestación y los cambios climáticos estarían detrás de la baja producción de castaña este año.

Este año hemos experimentado una disminución sin precedente de la producción de castaña. Las estimaciones iniciales apuntan a una reducción cercana al 45-60%, lo que impactará directamente en el volumen histórico de exportación nacional de este producto (entre 20.000 y 27.000 toneladas/año entre 2011 y 2016, según datos publicados por el IBCE), afectando además a la economía de miles de familias campesinas e indígenas que tienen en la recolección y venta de castaña su principal fuente de ingresos y, por tanto, su principal medio de vida.

Se ha atribuido como principal causa de esta baja producción las bajas precipitaciones ocurridas durante los últimos dos años. Pero, ¿por qué es importante la precipitación para la castaña? La floración y polinización de las flores de castaña ocurre entre tres y cuatro meses antes de que comiencen las precipitaciones, y son los frutos los que se benefician directamente de las lluvias. La formación y crecimiento de los frutos inicia con las lluvias y concluye varios meses después, alcanzando el siguiente periodo de lluvias. De hecho, la caída de los frutos maduros y, por tanto, la zafra, se ve favorecida por la lluvia. La baja producción de este año responde a la precipitación ocurrida entre 2015-2016, es decir, que la producción de castaña de un año responde a la precipitación de un año atrás.

A pesar de tratarse de una especie con un alto valor ecológico y comercial, la información técnica y científica sobre la castaña en Bolivia es aún escasa, se encuentra dispersa o no ha sido divulgada. Los estudios realizados por Pieter A. Zuidema y el programa Manejo de Bosques de la Amazonía Boliviana (Promab) durante los 90 representan todavía los principales referentes sobre la biología y la ecología de la especie en Bolivia. La regeneración natural de la especie sigue siendo una pregunta abierta, incluyendo las variaciones geográficas de la fenología reproductiva. Este último aspecto es clave para entender la geografía de la recolección de castaña, que parece tener una dinámica norte-suroeste desde el cruce de los ríos Abuná y Madera hasta las cabeceras de los ríos Tahuamanu, Manuripi y Madre de Dios.

La deforestación y los cambios climáticos también han sido aludidos como causas de la baja producción de castaña de este año. Ambos podrían estar disminuyendo la cantidad de lluvias y, por tanto, la producción de frutos descrita antes. Más allá que estas relaciones causales necesitan de estudios específicos, no podemos negar la necesidad de reflexionar sobre algunas acciones que minimicen el impacto socioeconómico de la disminución de la producción de castaña, entre ellas, promover la tan esperada diversificación productiva de la Amazonía. El desarrollo de la actividad pesquera, con un mercado cada vez más consolidado, y la emergente cadena productiva del asaí muestran que esto sí es posible.

Este post apareció primero en la edición impresa de La Razón
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